03 Ago

Escritor ¿qué haces?

¿Qué es un escritor? El significado literal y la primera acepción de la palabra que viene en el diccionario de la R.A.E. (Real Academia Española) es una persona que escribe. La segunda posición la ocupa el autor de obras escritas o impresas. Entonces ¿qué somos nosotros? Si miramos hacia nuestro interior, sólo vemos a una persona que le gusta escribir y escribe. Puede parecer paradójico pero es lo que somos. Nuestra pasión por las letras no nos hacen mejores ni peores. Somos sólo seres humanos que tienen un don o una pasión o unas ganas irrefrenables de plasmar lo que está en nuestra alma. 

¿Cuando podemos considerarnos escritores? Desde un inicio porque cada composición es una obra nuestra aunque después no guste, no entiendan, no compartan o no lean o incluso no sea muy buena. Lo importante es escribir y estoy segura que todos intentamos hacerlo de la mejor manera. Los resultados son otro dilema. Pero ser escritor profesional es un objetivo que muchos queremos alcanzar. Porque escribir para nosotros o unos pocos está bien, pero si queremos llegar a un mayor número de personas, hay que formarse, leer mucho, escribir mucho. Si bien podemos tener mucha facilidad, o no, para escribir, las técnicas narrativas se aprenden, no se nace con ellas. He leído mucho sobre cómo escribir y casi siempre nos suelen dar los mismos consejos. No soy una experta y seguiré siendo aprendiz hasta el final de mis días porque cada día es un nuevo aprendizaje y un nuevo descubrimiento. Pero quisiera sobrevolar algunos aspectos, que todo aprendiz de escritor debe saber, entre otros muchos que, con toda probabilidad, abordaré en algunos posts posteriores.

Lo primero que se ve de un libro es la portada. Muchas veces, no le prestamos demasiada atención porque realmente, lo que nos importa, es el texto del interior. Sin embargo, es muy reveladora y de ella podemos sacar varias conclusiones. Si observamos las portadas de autores reconocidos nos damos cuenta que la imagen impacta visualmente. Con una mirada, tendremos nuestra primera opinión sobre el libro elegido. Una foto o imagen apagada, triste y sin vida no invita a leer el interior. 

El título también es muy importante porque suele ser una palabra simple o compuesta que nos revelará el contenido del libro. Es como un flashforward, un avance de lo que nos espera si leemos el libro. El color es otro de los aspectos importantes y depende del género literario al que nos enfrentamos. Si escribimos literatura romántica suele ser lícito utilizar colores pastel, suaves y «románticos». En cambio si el estilo es de misterio, policíaco o de terror, los colores oscuros suelen predominar. De vez en cuando, es interesante repasar las portadas de los libros que tenemos o los de las librerías o bibliotecas y analizar sus componentes. Y siguiendo con el título, no podemos olvidar su tipografía que variará según su género también y nos dice mucho sobre el texto del interior. Como podemos observar, una portada nos revela mucha información si nos paramos a prestarle una atención particular.  

Otra parte que podemos ver a primera vista es si el texto del libro es ligero o pesado de leer. Para ello, con sólo abrir una página al azar podemos extraer varias conclusiones. Si los párrafos son largos pudiendo llegar a ser de varias páginas, podemos deducir que su lectura será larga y puede que tediosa aunque no siempre. Según nuestras lecturas predilectas y la composición de sus textos, sean de oraciones largas con muchas descripciones o cortas que van al grano, podremos hacernos una idea superficial del tipo de libro que es. Creo que el término medio puede ser el adecuado. Muchas veces queremos hacernos la lectura amena y elegimos textos con muchos diálogos, por ejemplo y nos damos cuenta que la calidad deja mucho de desear. 

En la narrativa de nuestro libro, lo aconsejable es seguir la norma de las tres partes y para ello, en cada capítulo debemos tener un planteamiento, un nudo y un desenlace. Más fácil de decir que hacer ¿verdad? Sin embargo, creo que es lo correcto. Muchas veces nos ponemos a escribir y cuando releemos el texto nos damos cuenta que no tiene ni pies ni cabeza y tenemos que reestructurarlo para que sea inteligible. Siguiendo este sistema será más fácil organizar nuestras ideas. 

Muchos aconsejan hacer un esquema del libro al completo antes de ponernos a escribir. Yo lo he intentado y si bien es cierto que para algunas partes puede funcionar, para el conjunto me parece muy complicado. Creo que resta creatividad y el texto no fluye igual, parece forzado. Antes de iniciar la escritura de nuestra obra, muchos autores ya saben cómo terminará la historia. Con sinceridad, no sé cómo lo hacen. Quizás la experiencia hace al maestro pero incluso algunos autores prolíficos como Stephen King están en contra por la falta de naturalidad. Sin embargo, cada uno tiene su forma y si funciona, perfecto. 

La obviedad es que tenemos que incorporar mucho vocabulario a nuestro repertorio lingüístico pero siempre, sin dejar de ser nosotros mismos. Es decir, escribir con nuevas palabras no significa que debemos ser pedantes porque «queda bien». Creo que en la sinceridad de los escritos está el éxito de los mismos. Muchas veces, queremos imitar a grandes escritores y nos damos cuenta que lo que escribimos suena forzado y poco natural. Otro punto que no se puede olvidar es la gramática y la formación de la oraciones correctas. Para ello, es aconsejable, de vez en cuando, ojear la Nueva Gramática de la Lengua Española, muy útil para algunas dudas de estilo o de concordancia. También algún curso de escritura creativa puede ayudarnos en nuestros primeros pasos.

Un temor que todos tenemos y pasamos más de una vez, es la página en blanco, es decir, no saber cómo seguir nuestra historia o cómo empezarla. Puede ser por varias razones, entre ellas que la hayamos complicado a tal punto que no sepamos por donde salir. También, puede que nuestro cansancio no nos deje pensar con claridad o que nuestro estado anímico no esté en su mejor momento. Todos pasamos por baches y es normal. Creo que si no somos capaces de escribir un día, dos o los que sean, no debemos maltratarnos y sí descansar o cambiar de aires. Volveremos a nuestro trabajo con más ganas, ilusión y ánimo. Dicen que sobre todo suele pasar a los primerizos y por no determinar la estructura total de nuestro libro desde el inicio y seguro que tienen razón. Sin embargo, cómo ya he mencionado anteriormente, no es fácil y requiere de mucho trabajo previo y esfuerzo pero si a muchos les funcionan ¿por qué no ponernos manos a la obra y probar? 

Quiero terminar con la contraportada que también es un escaparate de nuestra obra. Muchas veces hacemos resúmenes de nuestros libros que son demasiado largos y complejos pero para una mayor funcionalidad y comodidad, sobre todo del lector, debe ser concisa y aportar información directa, que enganche pero sin revelar lo que descubrirá en el interior. Algunos aconsejan poner la biografía del autor. Para los escritores noveles puede ser útil para que nos conozcan. Pero es algo personal y cada uno decidirá de la importancia o no de introducirla en la contraportada. Esta última debe ir en concordancia con la portada. Puede ser igual o diferente pero siempre que tenga conexión con ella para una mejor uniformidad de ambas. 

He sobrevolado con brevedad algunos aspectos que son importantes para nuestros libros. En futuras entradas ampliaré conceptos y otros aspectos que pueden ayudarnos en nuestro trabajo diario de escritura. Espero que os haya sigo útil. Nos vemos pronto.

 

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