29 Dic

Penúltimo día del año

El año 2019 se acaba y es tiempo de reflexionar sobre los meses pasados y nosotros mismos…

PENÚLTIMO DÍA DEL AÑO

Camino por el asfalto de sombras que me acompañan en mi paseo nocturno. Erro por las calles iluminadas y desiertas de gentes. Estoy en vela, no duermo. Mi sueño se ha volatilizado por tanto pensar. Reflexionar en demasía intranquiliza el alma pero ¿qué puedo hacer si mi mente bulle sin control y sin final? Recorro lugares conocidos y otros no tanto. Descubro recovecos que jamás imaginé.

Mis pies cansados arrastran mi cuerpo y mis zapatos. Soy la sombra de mí misma. Observo mis pasos que cuentan promesas sin cumplir y dolores por resolver. Giro la cabeza y elevo la mirada hacia el cielo color ocaso. La luna luce en su cuarto creciente pero mengua mi fuerza para seguir andando. Pero no puedo quedarme aquí parada mirando nuestro satélite. Debo regresar a mi hogar donde me espera mi vida real y mis recuerdos que sólo son míos porque nadie puede entrar en ellos sin mi permiso.

Regreso dubitativa cruzándome con pobres gentes tumbadas en la acera, acurrucadas en posición fetal, muertas de frío a pesar de la escasa manta que las cubre. Injusticias. No puedo con ellas. Derroche de dinero y de alimentos que nos rodea cada día. Inconsciencia. Ya casi nunca pensamos en los demás. Antaño, sobre todo en los pueblos, los vecinos eran tu familia y siempre estaban ahí cuando lo necesitabas. Ya no. Hoy sólo cuenta el beneficio propio, la abundancia de cosas fútiles que no necesitamos, el aparentar lo que no somos porque la imagen es lo primero. Nuestro interior no vende. Hasta los niños quieren ser famosos y vivir del cuento. Cuento que los mayores ya ni siquiera tenemos porque se nos fue un tiempo que ya no alcanzaremos.

Es curioso como en días como éstos nos replanteamos muchas cosas y nos damos cuenta de muchas otras que siempre han estado ahí pero que no hemos sabido ver. Ser invisible es muy fácil hoy en día. Las personas ya no se miran a los ojos si no a través de los mensajes y de las pantallas. El contacto humano se reduce muchas veces a un «Hola. Buenos días. ¿Qué tal?» y seguimos nuestro solitario camino.

Incluso en las «fiestas» cada uno va a lo suyo: beber, reír (muchas veces sin ganas)… Pero yo nunca sigo la «norma» porque creo firmemente en la unidad de las personas y en sus criterios propios. Es una de las razones por la que mis verdaderos amigos son escasos, porque hace tiempo que eliminé las personas tóxicas que me dañaban la existencia. Pero los que están forman parte de mí y son muy importantes. Como la familia aunque no siempre. Afortunadamente, tengo todavía a mi padre que cumplirá pronto ochenta años. El resto de ella ya no está por abandonos y malas acciones que quebraron mi alma. Pero hoy soy otra y esa otra ya no se deja mermar por recuerdos de un pasado que ya pasó y no volverá. Vivir el presente es mi lema y lo mejor que he podido cambiar en mí. No pensar en mañana o muy poco porque ese mañana que llegará tal vez, estará lleno de enigmas y situaciones que no puedo ni quiero controlar. Vivir paso a paso, momento a momento es disfrutar de lo que uno tiene, porque quizás pronto ya no pueda. La vida cambia en cada suspiro y en cada respiración se nos puede quebrar.

En estas últimas horas de este año, os deseo que vivamos los minutos, los segundos y los instantes de forma intensa y consciente porque son momentos que mañana formarán parte del pasado, de un pasado que ya nunca más alcanzaremos. Vivamos hoy, ahora, que mañana ya vendrá con sus nuevos retos. Tengamos un fin de año cabal, lleno de amor y compañía y que dure durante todo el año que pronto estrenaremos.

¡FELIZ AÑO NUEVO 2020! Y sed todos muy felices.

Copyright © 2019 María Luisa Alejandro Usero. Todos los derechos reservados.

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