20 Jul

Un poco de mí

¿Quién soy? Buena y difícil pregunta, ¿verdad? Bucear en nuestro yo interior es lo más complicado que podemos hacer. Sin embargo, es necesario para ajustar nuestras prioridades y adaptarlas a nuestras capacidades. Con frecuencia, ponemos el listón de nuestros objetivos demasiado alto y nos frustramos cuando los resultados no son los que se esperaba.

Nací cerca de París (Francia) hace ya algunos años. Desde muy niña, sentí la necesidad de expresarme a través de las letras escritas más que las verbales. Siempre fui introvertida por mis circunstancias de vida que no expondré aquí. Mi salvavidas fue y es la escritura. También la lectura. Los libros formaron parte de mi infancia y han recorrido mi camino conmigo. Son el mayor tesoro que tengo después de mi familia. He surcado los años llenos de baches y de pérdidas (todos tenemos, lo sé), ocupándome de los demás, olvidándome hasta de quién soy pero he llegado a este momento en el que me he replanteado mis prioridades. Ya no quiero más vivir en la sombra, quiero ver a mi persona real, a mi verdadero yo, con mis virtudes y mis defectos. 

Los humanos somos animales imperfectos y está bien así. Un mundo perfecto sería muy aburrido. ¿Os imagináis que todos fuésemos guapos, inteligentes, y exitosos? ¿Por qué lucharíamos si todo estuviese a nuestro alcance y sin esfuerzo? En realidad, nuestros «desperfectos» son nuestros aliados porque gracias a ellos, queremos superarnos como persona o como escritor o como lo que nos propongamos. El éxito es superficial, efímero, flor de un día o dos. Es imposible mantenerse igual en el tiempo, tiempo que cambia y se transforma en algo distinto cada día. Es la razón por la que nuestra lucha cotidiana por lo que queremos, se convierte en un objetivo de vida, una ilusión por la que levantarse cada mañana. 

Crecí con la idea de ser inferior a los demás, siempre crítica e implacable conmigo misma. Me frustré, me odié y hasta me deseé la muerte en alguna ocasión. En mi presente, lo veo diferente. Veo una niña, una joven y una adulta que perdió el tiempo maltratándose, dejándose maltratar por los demás, que no cuidé, que no mimé como me merecía, como todos nos merecemos. No carecemos de valor por no conseguir nuestros objetivos o nuestros sueños. Quizás… fuesen demasiado idealistas y poco realistas. He aprendido, a lo largo de los años, que tenemos que vivir en el «hoy», en el «ahora» porque mañana nadie sabe lo que sucederá. Podemos estar aquí o no. Por consiguiente, ¿por qué preocuparnos por lo que pasará dentro de un rato, mañana, pasado mañana, al mes siguiente…? 

Es cierto que hacer planes de futuro nos mantiene activos, despiertos, integrados en el mundo pero también nos aporta seguridad, ilusión, ganas de seguir avanzando a pesar de todos nuestros traspiés. Crecemos a medida que saltamos estos últimos. Y no porque cumplimos más edad, que también, si no por nuestra sabiduría de vida que nos da la experiencia, la serenidad y la capacidad suficientes para no trastabillar en el mismo lugar y en el mismo objetivo. ¿Es acaso una contradicción? Puede parecerlo pero vivir el momento no significa que no podamos o no debamos hacer planes a largo plazo. Simplemente, ese lejano o cercano futuro no será una obsesión y disfrutaremos de los placeres a nuestro alcance, día tras día, momento a momento. 

Mirarse en un espejo es necesario alguna vez, a lo largo de nuestra trayectoria, porque nos permite darnos cuenta de nuestros aciertos y de nuestros fallos pudiendo corregirlos. Es como un borrador de novela. Al principio lo escribimos con afán y determinación y cuando llegamos al final, nos asalta un mar de dudas. ¿Estará bien? ¿Habré cometido muchas faltas de ortografía, de gramática, de estilo, …? Es útil replantearse el conjunto de nuestro escrito, releerlo, corregir los fallos, borrar lo innecesario pero no obsesionarse. En nuestra vida es parecido. Quizás soy demasiado perfeccionista y esta condición puede tener un revés. Por un lado, querer la perfección está bien. Nos permite luchar por la «excelencia» que muy pocos alcanzarán, hay que ser realistas. Sin embargo, pondremos todo nuestro empeño. Por otro lado, podemos sentirnos frustrados y descontentos con nosotros mismos. Nuestro frágil ego, siempre al acecho, nos susurrará o nos gritará palabras malsonantes que nos harán derrumbarnos en más de una ocasión. 

Desde que tengo uso de razón, he luchado conmigo misma para superar mis miedos, mis inseguridades, mis errores que son muchos. En esas ocasiones, me alimento de toda la fuerza de la naturaleza que me regenera y que me da las alas que necesito para seguir avanzando. Es mi forma de reponer fuerzas. También, encontrar mis momentos de soledad y estar frente a frente a mi persona para una «puesta a punto» para seguir con más energía. Y todo ello me es tan necesario como respirar. Muchos años he ignorado mi bienestar, mi salud y mis necesidades. Y todo pasa factura. Quizás algún día lo cuente. O no.

Lo que hoy me ha impulsado a escribir sobre este tema, ha sido desvelar un poco de mí para perder ese reparo, ese temor del «qué dirán» que tanto tiempo, demasiado, me ha acompañado a lo largo y ancho de mi vida. Con el deseo de seguir con confianza e ilusión, me despido por hoy, con la esperanza de un mañana mejor que el anterior.

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